Día: noviembre 20, 2015

20 años de Cabañeros, logros en conservación frente a fracasos con la caza

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Nueva imagen (28) (600 x 448)Ecologistas en Acción se congratula por el vigésimo aniversario de un hito en la historia del ecologismo, pero exige que se den ya los primeros pasos para el fin de la caza en las fincas privadas de Cabañeros ya que coarta las actuaciones de conservación y de uso público en el parque nacional.

Tras veinte años como parque nacional, Cabañeros ofrece un balance dual a los ojos de Ecologistas en Acción, una de las organizaciones que más activas se mostraron contra los proyectos de polígonos de tiro en Cabañeros y en Anchuras, protestas que fueron la semilla de la protección de una de las mayores y mejores extensiones de bosque mediterráneo de Europa.

Los avances en materia de conservación se ven plasmados en la positiva evolución de la colonia de buitre negro, primer baluarte de la declaración del parque nacional. Con más de 200 parejas reproductoras, Cabañeros es la segunda colonia más numerosa de España y alberga más del 50% de la población de Castilla-La Mancha. También se ha consolidado la presencia nidificante del águila imperial ibérica que ha incorporado una cuarta pareja este año. Otro elemento que ha evolucionado muy positivamente en estos años, al menos en la parte de propiedad pública del parque, es la vegetación, el monte mediterráneo ha experimentado un buen desarrollo y ampliado la superficie de las formaciones de encinar, alcornoque y bosque de ribera.

En materia de uso público se han ido ampliando poco a poco las dotaciones, incorporándose recientemente el centro de interpretación de Horcajo de los Montes a los centros ya existentes y a la red de senderos y rutas guiadas.

El parque también ha contribuido a fijar población en la comarca, tanto a través de las contrataciones directas que genera de técnicos, guardería y cuadrillas de trabajo, como indirectamente en la hostelería y alojamientos de la zona.

Pero Cabañeros tiene otra cara que muestra las carencias que tiene como parque nacional.  Todas ellas derivan de que la mitad de sus 40.000 hectáreas de superficie siguen estando declaradas coto privado de caza y no son objeto de una gestión conservacionista y de uso público acordes con la figura de protección.

Cotos que, además, se dedican intensivamente a la caza mayor, a la que enjaulan en vallados y alimentan generando de manera artificial el problema de sobrepoblación que sufre el parque e impidiendo que el conejo, otrora abundante en la zona, no se pueda recuperar. La falta de conejo es, a su vez, la causa de que Cabañeros no pueda tener una mínima población de linces ibéricos.

Otros impactos que sufre el parque son las nuevas construcciones, como la ampliación hecha en la finca Cabañeros y denunciada en 2014, obras ilegales de caminos en vías pecuarias o de nuevas vallas, como la denunciada en Valleleor hace un año. También se observan tiraderos que abren franjas en las laderas de las sierras para practicar el tiro durante las abundantes monterías.

Cabañeros ofrece así al visitante una imagen dividida, una mitad de fincas que están en manos privadas donde la práctica de la caza se realiza como en cualquier otro coto privado de caza, y la otra mitad que es terreno público y donde se concentran las actuaciones medioambientales y de uso público.

Esta situación es un sinsentido, que se está abonando con los presupuestos generales del Estado y de Castilla-La Mancha. Ecologistas en Acción considera que a este respecto ni el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ni la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, co-gestores del parque, están haciendo lo que hay que hacer para abordar de una vez la eliminación de la caza que establece la propia Ley de Parques Nacionales.

Llama la atención que ni el Plan de Uso y Gestión de Cabañeros, ni el Plan Director de Parques Nacionales, documentos ambos en fase de elaboración, abordan la eliminación programada de la caza en estos espacios naturales, ni siquiera en los plazos que ellos mismos han impuesto en la enmienda a la Ley de Parques Nacionales y que fija para 2020 ese objetivo.

¿Cuánto tiempo más postergaremos que Cabañeros sea un verdadero y completo Parque Nacional?

Receta contra los grandes incendios: intervenir en pinares repoblados y preservar bosques originales

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Ecologistas en Acción presenta su balance de la campaña de incendios forestales con un informe en el que analiza los grandes incendios forestales, responsables de la mayor superficie quemada y los más graves daños

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Hace unos días el Ministerio del Interior hacía balance de la campaña de incendios forestales 2015. A pesar de haberse registrado un 23% menos de la media de la superficie quemada en la última década, el número de incendios sigue siendo  altísimo, cercano a los diez mil, y las hectáreas quemadas han sido casi 73.000.

De los resultados de la campaña llama la atención uno en especial, en sólo 14 grandes incendios forestales se ha quemado el 55% de la superficie. Un hecho que viene siendo habitual en la última década, en la que los grandes incendios, aquellos que superan las 500 hectáreas, tienen un protagonismo muy significativo, tanto por su contribución mayoritaria a la superficie quemada, como por los daños ambientales y los riesgos a los que somete a la población, sin olvidar el ingente gasto que supone su atención y el peligro para quienes tratan de combatirlos.

Apenas se conocen informes o estudios sobre esta cuestión y, lo que es más importante, propuestas que ayuden a paliar este tipo de incendios. Por ello, Ecologistas en Acción ha decidido analizar estos incendios. ¿Qué hace que un fuego queme más de 500 hectáreas? Para ello, hemos dirigido la mirada al tipo de masas forestales que se ven afectadas. Algo que, curiosamente, apenas nadie se ha preocupado de hacer hasta la fecha.

Los resultados de este análisis se reflejan en el informe Grandes incendios forestales en España 2012-2014. Relación entre los GIF y el tipo de vegetación forestal y propuestas para reducirlos.

En él, a partir de 60 grandes incendios estudiados, se obtiene un perfil del tipo de monte o masa forestal más susceptible de sufrir este tipo de catástrofes y otro para la menos susceptible de sufrirlo.

Para el primer caso, el de las masas con más GIF, un 80% de los grandes incendios forestales se producen con mayor asiduidad en espacios forestales artificiales o degradados, bien sean derivados de repoblaciones o cultivos forestales (40%) o bien sean matorrales (40%).

En los espacios forestales que sufren GIF las especies dominantes son los pinos (60%), sin duda los más vulnerables a los grandes incendios, seguidos de distintas especies de matorral, tales como brezos, retamas o jaras (20%). En los pinares se dan GIF aún a pesar de ser las masas forestales con más actuaciones de limpieza o de cortafuegos. En el monte bajo suelen generarse los incendios por la acción humana a través del uso del fuego con fines ganaderos o agrícolas.

Por el contrario, los montes que resultan menos afectados por los grandes incendios forestales son, en un 12% de los casos, aquellos que disponen de verdaderos bosques naturales bien conservados y poco intervenidos, principalmente los poblados por especies de quercíneas (encinas, robles o alcornoques). Aquí, la intervención dirigida a la prevención de incendios está mucho más limitada, cuando no desaconsejada, por la menor vulnerabilidad de estas masas al fuego y, sobre todo, por los condicionantes derivados de la protección ambiental.

Estos perfiles se ven trasladados a la distribución geográfica de los grandes incendios forestales donde las zonas más afectadas son reflejo de los tipos de vegetación más sensibles a los grandes fuegos, y donde la actividad y la gestión que se lleva a cabo en los montes tienen una notable incidencia.

Así, los GIF se dan más en el noroeste y centro norte de España, en el Levante o en el centro peninsular. Las zonas menos afectadas por grandes incendios se sitúan en los Montes de Toledo, Sierra Morena y buena parte de las cordilleras cantábrica y pirenaica, y se corresponden con grandes extensiones de monte mediterráneo y atlántico dominado por quercíneas u otras frondosas.

Las Islas Canarias suponen una singularidad en este contexto, dado que aunque los pinares allí son autóctonos de pino canario, son muy proclives a los grandes incendios que favorecen la recolonización con los mismos pinos tras el fuego.

De esta manera se muestra que la buena conservación y protección de nuestros bosques naturales es sinónimo de freno a los grandes incendios forestales. Cabe preguntarse cómo es posible que en las masas más intervenidas, las de pinar y monte bajo, se produzcan los incendios más graves. La respuesta es compleja, pero entre los factores coadyuvantes sin duda estarán la amplia superficie ocupada por estas masas, su carácter pirófilo y los conflictos sociales que generan.

Sobre estas ideas de partida, aunque sin olvidar otras circunstancias específicas, Ecologistas en Acción propone siete medidas muy concretas para evitar y prevenir los grandes incendios forestales. Una de las más importantes de cara a la campaña de tratamientos de prevención que ahora se inicia es que las actuaciones de limpieza no sean indiscriminadas, se focalicen a las zonas de pinar de repoblación y de monte bajo, reduciendo estas superficies en favor de bosques autóctonos de quercíneas y frondosas.